El Republicano – Un año de restricciones: muchos dólares y poco para festejar

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    Las trabas a las importaciones lograron un superávit comercial de US$ 12.600 millones, pero estancaron la actividad económica, desalentaron la inversión y azuzaron la inflación.

    El empresario siderúrgico no sabía cómo hacer para que le miraran los pies. Como un chico en el primer día de clases, mostraba orgulloso sus relucientes mocasines. Luego de examinarlo de arriba abajo, Guillermo Moreno le palmeó el hombro , y le dijo: “Muy bien. Así me gusta”. Unas semanas antes, en busca de un permiso de importación, el industrial había pisado la misma oficina con un elegante calzado italiano y el secretario de Comercio lo había despachado sin más con un “Yo con gente que usa zapatos importados no hablo”. La anécdota desnuda la lógica con la que el funcionario maneja el comercio exterior, área que desde hace un año ha ceñido bajo el imperio de sus trabas a las importaciones.

    En los últimos 12 meses, el esquema de Moreno cumplió su objetivo de lograr un superávit comercial de US$ 12.600 millones, para, entre otras cosas, pagar la importación de energía, pero dejó secuelas que tardarán en sanarse. El comercio exterior de la Argentina cayó 5%, la inversión pasó del ya pobre 24% del PBI en 2011 a 21% en 2012, y el país fue el único de América latina en el que se derrumbaron las importaciones (7,5%). No sólo eso, al no invertir, en gran medida porque las trabas les impiden ingresar máquinas e insumos, las empresas trabajan más sobre precios que sobre oferta, con lo que se azuza aún más una inflación ya cercana al 27 por ciento.

    La imposición de las Declaraciones Juradas Anticipadas de Importación (DJAI), que en la práctica implica un desaliento a la compra de bienes en el exterior, es un verdadero “tiro en el pie” de la economía, porque logra atesorar los dólares buscados, pero compromete el futuro productivo del país.

    El economista Pedro Greaves, director de inteligencia competitiva de la consultora Claves, dice que las trabas a la importación son una de las cuatro restricciones de oferta que impiden que el país vuelva a crecer. “Las otras son la falta de financiamiento a mediano plazo por el alto riesgo país, la crisis de infraestructura y la pérdida de competitividad que produce la inflación”, agrega.

    Las grandes cifras que muestran que en 2012 se exportó 3,21% menos que en 2011 y se redujo la importación 7,54% sirven para evidenciar que el superávit comercial no se debe a una mayor fuerza exportadora, pero no detallan el impacto concreto que tuvo eso en la industria. Un análisis de la consultora Claves sobre 60 sectores de la economía local, que representan 90% del PBI argentino, refleja el derrumbe de las importaciones en rubros cruciales (ver infografía), como agroquímicos, autopartes, petroquímica y automotor, entre otros.

    Henry Lubel, uno de los economistas de Claves que elaboró el informe, señala que esta política económica relegó al lugar de perdedores a aquellos sectores (principalmente industriales) que requieren de insumos intermedios y bienes de capital para poder llevar adelante su producción.

    Un importador neto de partes para automóviles vio cómo se le venía el mundo abajo cuando hace un año comenzaron las trabas. Analizó la situación y decidió comprar las matrices para fabricar lo que antes importaba. Luego de averiguar precios en Europa se decidió por la más económica opción china, pero su sueño productivo se truncó pronto. “Las matrices quedaron trabadas en la aduana”, cuenta un asesor de este empresario.

    Sucede que, como destaca Marcelo Elizondo, director de la consultora Desarrollo de Negocios Internacionales (DNI), donde más golpeó la medida de Moreno fue en bienes de capital vitales para la producción. “La caída del ingreso de máquinas y aparatos explica 37% del descenso total de las importaciones en 2012 -precisa el consultor-. Esto equivale a 1668 millones de dólares.”

    Además, del análisis de DNI surge que también cayeron otros ítems sensibles, como vehículos terrestres (US$ 660 millones de caída), abonos (534 millones) caucho y sus manufacturas (168 millones), plástico y sus manufacturas (138 millones) y productos de fundición de hierro y acero (175 millones), entre otros. “La mayoría de estos rubros está ligada directamente con cadenas productivas, lo que muestra la vinculación entre la caída de las compras desde el exterior y el nivel de actividad”, explica Elizondo.

    Se trata de un mazazo en rubros totalmente referidos a la inversión, que no solo afecta el presente sino también el futuro. Lo sabe muy bien Guillermo Vivot, director general de Softland, una empresa de software de origen español, con más de 25 años en la Argentina y clientes en diversos sectores. El ejecutivo relata que en 2012 su stock de oportunidades fue muy perjudicado, ya que 80% de sus posibilidades de contratos se congeló. “Firmas agrarias, de retail y de la construcción nos dijeron que dejaban pendiente su proyecto, que lo iban a hacer con nosotros, pero que, hasta que la situación no cambiara, no concretarían la inversión”, dice Vivot.

    Uno de los argumentos del Gobierno para llevar adelante esta política es que se busca incentivar la sustitución de importaciones, finalidad que, según Enrique Dentice, economista de la Universidad de San Martín, se cumplió hasta un punto. “Hubo cierta sustitución por parte de pymes locales, pero no se puede seguir con este sistema porque estas firmas no pueden abastecer al nivel que la industria va a necesitar de ahora en más”, analiza.

    Lo que sucede es que en muchos casos esa sustitución no es perfecta y se traduce en menor producción o merma en la calidad del producto. Éste es el caso, según Lubel, del mercado autopartista, el automotriz y el de agroquímicos, entre otros. “Hay incluso, sectores donde la sustitución es inviable en el mediano y largo plazo, como el de la industria farmacéutica, dado que existen medicamentos que no se producen en la Argentina”, agrega.

    Pero aún en los casos donde se inició una especie de sustitución (que muchas veces no es más que un ensamblado de piezas que llegan de afuera, como ocurre con los electrónicos de Tierra del Fuego), la receta no es saludable. Desde el punto de vista del intercambio, restringir importaciones equivale a reducir oferta y oferentes, lo que se traduce en menor competencia y, por ende, menores incentivos a la innovación y precios más altos para los consumidores.

    Claro que siempre hay ganadores y perdedores. En este caso, los ganadores son aquellos sectores que por falta de ventajas comparativas se benefician por la ausencia de competidores externos. “Este es el caso de las industrias textiles, de indumentaria y petroquímicas -dice Lubel-. Eso conlleva, en la organización industrial, efectos distributivos desde las firmas importadoras de bienes terminados hacia las de producción doméstica”, dice Lubel.

    Ahora, si hay un engendro que sobresale por encima de los alumbrados por las trabas, ése es el del mecanismo para compensar importaciones con exportaciones. Esto es lo que se conoce como el “1 a 1″ de Moreno, es decir, exportar un dólar por cada uno que se gasta en importar. En la práctica esto derivó en que empresas desesperadas por la necesidad de importar compraran saldos exportables a productores que ya exportan esos productos, pero que, a cambio de una comisión, se los ceden.

    “La operatoria es tan ineficaz y descabellada que provoca situaciones insólitas, coloca a las empresas en infracción de sus estatutos y delata la incomunicación que hay entre un área y otra del Gobierno”, opina un hombre de la industria.

    El CEO de una conocida multinacional que fabrica electrodomésticos tuvo a principios de 2012 sus días más agitados. En tiempo récord se vinculó con una pesquera para exportar pescado. A pedido de la Secretaría de Pesca inició el trámite para inscribirse como exportador; pero se sorprendió cuando desde esa misma secretaría rechazaban el pedido. ¿Por qué? Porque no podía presentar un estatuto que justificara que su objeto social era exportar pescado. Desesperado, el hombre fue hablar con Moreno, pero éste retrasó tanto su respuesta que la pesquera se cansó y vendió el cargamento por su cuenta.

    Varias empresas anunciaron en 2012 programas de compensación. Una automotriz se comprometió a exportar vinos y arroz; una firma de accesorios para impresoras, a vender afuera productos de molinería; una tienda departamental, a exportar indumentaria. Otras anunciaron que exportarían productos alimenticios diversos, vinos, lácteos y preparados de frutas. En fin, cualquier cosa.

    Más allá de lo ilógico del mecanismo, que atenta contra los estándares globales de calidad de una firma y contra su prohibición estatutaria de operar a pérdida, esto no aumentó las exportaciones. Es más, la mayoría de los rubros elegidos por las importadoras para cumplir con lo que pedía Moreno tuvieron en 2012 caída en sus ventas externas. Entre ellos se destacan los pescados y mariscos (-23,2%) y frutas secas o procesadas (-4,70%), según DNI (ver infografía).

    Un consultor que conoce de cerca el tema dijo que muchas compañías cumplieron sólo una parte de estos planes. ¿Moreno lo sabe? “Claro, pero no le importa, porque su objetivo es demorar y entorpecer lo más posible la importación. Después, si alguno compensa algo, mejor”, explica la fuente. Además, en medio de lo que parecen ser los últimos estertores de un esquema que se cae a pedazos, el resquicio para que se cuele la corrupción se hace cada vez mayor.

    A diferencia del saldo comercial, ensalzado por la presidenta Cristina Kirchner el jueves pasado, el resultado de un año de trabas a las importaciones ha sido negativo. Greaves, de Claves, estima que el “cepo importador” fue el gran culpable de que el crecimiento del PBI haya sido levemente negativo en 2012. Desde el punto de vista del empleo, otro de los argumentos oficiales para cerrar la economía, tampoco la ecuación fue buena. Según Javier Lindenboim, director del Centro de Estudios sobre Población, Empleo y Desarrollo (UBA), pese a los malabares del Gobierno, el año terminó con declinación en el ritmo de creación de puestos de trabajo.

    ¿Qué cabe esperar para este 2013? Hay cierto consenso en que se verá más flexibilidad, en parte porque los vencimientos de deuda serán de US$ 7000 millones en lugar de US$ 11.000 millones como en 2012 (porque no se pagará el cupón PBI, por haber crecido por debajo del 3,5%). Para Juan Dabusti, CEO de Atos, una empresa de software, habrá que cuidar mucho que las importaciones de bienes de capital e insumos no se pare, porque eso influye en el crecimiento de la economía. “Hay que tener un balance de pago a nivel macro, porque hay sectores que son exportadores netos, pero otros que son importadores netos”, destaca Dabusti.

    Otros basan su optimismo en el hecho de que no puede haber otra caída de 7,5% de las importaciones, porque eso haría que la economía empezara a caer, un “lujo” que el Gobierno no se puede dar en un año electoral. “El sistema deberá ser más flexible”, arriesga un consultor.

    Mientras tanto, el aniversario del “cepo importador” encuentra a los consumidores argentinos con poco para festejar: obligados a soportar una menor oferta de bienes, a pagar un precio más alto por productos de menor calidad y a rezar para que funcionen bien porque, tal como confesó el CEO de una firma electrónica, no se puede importar el repuesto que contempla la garantía.

    GOLPE AL CORAZÓN DE LA ACTIVIDAD INDUSTRIAL

    La caída en las importaciones de maquinas y aparatos es sumamente significativa: se trata de 1668 millones sumados ambos rubros, según la consultora DNI. Si se considera que las importaciones totales argentinas de todos los rubros en los tres primeros trimestres de 2012 descendieron 4482 millones de dólares, respecto de igual período del año anterior, debe advertirse que lo que muestra este descenso es que esa caída representa una suma equivalente a nada menos que el 37% del total del descenso de las importaciones argentinas en el período analizado.

    Un shock que daña el aparato productivo

    Si se tratara de medicina, “el cepo importador” tal como fue instrumentado en el país sería el equivalente a calmarle la fiebre a un paciente, pero al costo de comprometerle el hígado, los pulmones y el corazón. Nadie discute que una adecuada sustitución de importaciones puede ser sano para un país, pero pocos son los que creen que la extrema medida de Guillermo Moreno sirva para promover una saludable industria local.

    No basta con impedir a toda costa el ingreso de bienes importados para cimentar una producción nacional eficiente. Según Henry Lubel, economista de la consultora Claves, la política de sustitución de importaciones es deseable para evitar futuros desequilibrios externos y achicar la histórica brecha de productividad entre el campo y la industria; pero para eso se requiere inversión local y extranjera proveniente del ahorro interno y previsibilidad a mediano plazo.

    Ni una cosa ni la otra se dan en la Argentina actual, donde la tasa de inversión, en lugar de subir, cae y donde, como acota Marcelo Elizondo, director de la consultora DNI, las empresas paralizan sus proyectos y desembolsos porque ven un horizonte cada vez más corto. Es más, esto ocurre en medio de un contexto internacional inmejorable para América latina.

    Carlos Manzoni para La Nación